martes, 3 de febrero de 2015

La Sinfonía



Sinfonía

La sinfonía se ciñe en mayor o menor grado a las particularidades de una sonata. (Del griego, syn, ‘juntos’, y phone, ‘sonido’), en música, es una composición orquestal que suele constar de cuatro secciones contrastantes llamadas movimientos y, en algunas ocasiones, tiempos. La denominación se aplicó por primera vez en el siglo XVI a los interludios instrumentales de formas como la cantata, la ópera y el oratorio. Un ejemplo notable es la ‘Sinfonía pastoral’ del oratorio El Mesías (1742) de Georg Friedrich Händel. La sinfonía en su sentido moderno surge a comienzos del siglo XVIII.

Hacia 1700 se estableció el modelo de las oberturas en la ópera italiana (llamadas sinfonías). Se componían de tres movimientos (rápido-lento-rápido); el último acostumbraba a ser un minué. No estaban relacionadas en cuanto al material musical con la ópera a la que servían como introducción. Se interpretaban con frecuencia como obras de concierto. Compositores como Tommaso Albinoni, Giovanni Battista Sammartini y Antonio Vivaldi empezaron a componer sinfonías independientes con la misma estructura. Como las sinfonías utilizaron muy pronto la forma sonata en su primer movimiento y, a menudo, en otros también, los precursores de la sonata destacan también en el desarrollo de la sinfonía. Una tercera influencia importante procede de los intermezzi napolitanos, pequeñas óperas cómicas donde, para favorecer la comprensión del texto, las melodías se construían combinando motivos cortos y claros que apoyaban la melodía con armonías sencillas (en oposición a los acompañamientos elaborados y armónicamente complejos, habituales en la música anterior a ésta). Este desarrollo proporcionó al compositor nuevo material para volver a combinar, rearmonizar y desarrollar dentro de la forma sonata.

Hacia el año 1740 la sinfonía se había convertido en el principal género de la música orquestal. En Mannheim, bajo la inspiración del elector Karl Theodor, así como en Berlín y Viena, habían surgido importantes centros de composición. El bohemio Johann Stamitz elevó a la orquesta de Mannheim al nivel de gran conjunto de fama internacional por su brillantez y utilizó sus recursos en todas sus sinfonías. Fue uno de los primeros en agregar un cuarto movimiento, un finale rápido, que seguía al minué. En su forma sonata, los segundos temas buscaban generalmente el contraste con los primeros.
En Berlín, los compositores Johann Gottlieb Graun y Carl Philipp Emanuel Bach (hijo de Johann Sebastian Bach) escribieron sinfonías de tres movimientos con escaso contraste temático, pero en las que enfatizaban el desarrollo de la expresión emocional.

En Viena predominaron las sinfonías en cuatro movimientos; el primero era el de mayor importancia. Los instrumentos de viento se utilizaron con profusión y se puso especial cuidado en la integración melódica. Así, la transición entre temas podía hacerse mediante motivos cortos desde el tema principal. Entre los compositores vieneses son importantes Georg Matthias Monn y Georg Christoph Wagenseil. También fue influyente Johann Christian Bach, hijo de J. S. Bach, que estudió en Italia y trabajó en Londres. Sus sinfonías están llenas de la gracia de la melodía italiana.

El compositor austriaco Franz Joseph Haydn, el primero de los grandes sinfonistas vieneses, experimentó continuamente con nuevos recursos y técnicas en la composición orquestal. Es autor de 107 sinfonías en las que alargó y amplió la forma sinfónica. Introducciones lentas preceden frecuentemente a los primeros movimientos, los movimientos con forma sonata evitan el contraste temático, y los finales, con forma sonata o rondó, tienen un vigor y gravedad desconocidos en las obras de los compositores anteriores. Utilizó a menudo el contrapunto (entretejer líneas melódicas), integrándolo en el estilo sinfónico. Estos rasgos característicos predominaron igual en las sinfonías conocidas por alguna peculiaridad, tal como la salida gradual de los músicos en la Sinfonía de los Adioses (sinfonía nº 45, 1772).

Haydn y su más joven amigo Wolfgang Amadeus Mozart se influyeron recíprocamente en la técnica sinfónica. Mozart, uno de los más grandes maestros del género, desplegó en sus 41 sinfonías una riqueza imaginativa no superada. Entre las más famosas destacan la Linz (nº 36, 1783), Praga (nº 38, 1786) y Haffner (nº 35, 1782). Sus tres últimas, en si bemol mayor, sol menor y do mayor, y Júpiter—todas de 1788—, elevaron la sinfonía hasta convertirla en un vehículo de profunda expresividad.

Ludwig van Beethoven compuso 9 sinfonías en las que la forma sinfónica alcanza su perfección y transmite una amplia gama de matices expresivos y emocionales. Esta posibilidad se presenta en un importante grado en las dos primeras sinfonías de Beethoven, pero llega a ser especialmente significativa en su Tercera sinfonía en si bemol mayor (1805), conocida como Sinfonía Heroica, que consta de un extenso primer movimiento lleno de energía creativa, un profundo movimiento lento con forma de marcha fúnebre, un scherzo exaltado y un finale en forma de tema con variaciones. En la Quinta sinfonía en do menor (1808) Beethoven introdujo un motivo rítmico y melódico de cuatro notas que unifica las diferentes secciones contrastantes de la obra. La Sexta sinfonía en fa mayor (1808), conocida como Pastoral, describe las emociones que se despiertan en el compositor al recordar escenas campestres. En ella utiliza algunas de las técnicas de lo que será la música programática, contando una historia sencilla e imitando el canto de los pájaros y los truenos. La Novena sinfonía en re menor (1824), considerada una de las más importantes obras del compositor, finaliza con un movimiento coral basado en el poema An die Freude (Oda a la alegría) del poeta alemán Friedrich von Schiller.
El nacimiento del romanticismo musical trajo dos tendencias opuestas en la composición sinfónica: la incorporación de elementos de la música programática y la confluencia de ideales de la forma clásica, con melodías y armonías típicas del siglo XIX.

Representando la primera tendencia aparecen el compositor francés Hector Berlioz y el húngaro Franz Liszt. Sus sinfonías tienen programas escritos y comparten elementos del llamado poema sinfónico.

El austriaco Franz Schubert, en cambio, fue esencialmente clásico en su acercamiento a la música sinfónica. Sus melodías y armonías son románticas sin paliativos. Sus sinfonías más famosas son la Incompleta (nº 8, 1822) y la Grande (nº 9, 1828). Las composiciones de los alemanes Felix Mendelssohn y Robert Schumann despliegan la rica armonía característica del romanticismo. Las sinfonías más famosas de Mendelssohn —la Escocesa (nº 3, 1842), Italiana (nº 4, 1833) y La Reforma (nº 5, 1841)— contienen elementos de la música programática que están sugeridos en sus títulos. Las sinfonías de Schumann, incluyen la llamada Primavera (nº 1, 1841) y la Renana (nº 3, 1850), tienen una mayor libertad estructural y abundante sentido melódico. La síntesis más conseguida entre la sinfonía clásica y el estilo romántico la encontramos en las 4 sinfonías de Johannes Brahms. El compositor ruso Piotr Ilich Chaikovski escribió 6 sinfonías, de espíritu programático, que combinan una intensa emotividad con rasgos del folclore ruso, especialmente en las tres últimas, con un desarrollo musical bien planteado. Los austriacos Anton Bruckner y Gustav Mahler fueron influidos en gran medida por los dramas musicales del alemán Richard Wagner. En sus 9 sinfonías Bruckner utiliza voluminosas sonoridades con toda la orquesta. Consigue dar unidad gracias a la constante repetición de motivos rítmicos y melódicos. Mahler amplió la extensión de la sinfonía y alteró frecuentemente su forma con largos pasajes vocales. Las dos sinfonías de Edward Elgar (1908 y 1911) resumen su particular tardorromanticismo sintetizando las influencias de Brahms y de Wagner. Una enorme energía se complementa con grandeza y nostálgico sentimiento por una época que finaliza. Antonín Dvorák, compositor checo, destaca por su destreza en el uso de temas populares, como en la Sinfonía del nuevo mundo (nº 9, 1893). Otras obras destacadas son las de los compositores franceses Vincent d’Indy y Camille Saint-Saëns, y las de los rusos Alexandr Borodín y Nicolái Rimski-Kórsakov. La Sinfonía en re menor del músico franco-belga César Franck ejemplifica la tendencia a la estructura cíclica en el siglo XIX: la conexión de diferentes movimientos por medio de motivos o temas recurrentes.

Durante el siglo XX varios compositores, como el estadounidense Charles Ives y el danés Carl Nielsen, acogieron la forma sinfónica con una visión personal e innovadora. El finés Jean Sibelius infundió nuevo vigor a la sinfonía moviéndose en sentido opuesto al de Mahler al comprimir el material temático y su desarrollo del mismo, cambiar la estructura de cuatro movimientos en tres en su Quinta sinfonía (1919) y excepcionalmente en un único movimiento en la Séptima sinfonía (1924). El inglés Ralph Vaughan Williams continuó en sus 9 sinfonías la tradición de Dvorak al emplear un estilo nacional característico, derivado del lenguaje de la música folclórica, particularmente en la Sinfonía pastoral (nº 3, 1921) y en la Quinta sinfonía (1943). Otros, seguidores del ideario del neoclasicismo, adaptaron la forma para incluirla en las tendencias del siglo XX en armonía, ritmo y textura. Destacan la Sinfonía clásica (nº 1, 1916-1917) del ruso Serguéi Prokófiev y las del también ruso Ígor Stravinski, así como las de los estadounidenses Aaron Copland, Roy Harris, Walter Piston y Roger Sessions. El impresionismo sinfónico está representado por las cuatro sinfonías del francés Albert Roussel. El austriaco Anton von Webern utilizó el sistema dodecafónico para componer la breve Sinfonía opus 21 (1928) que dura unos 11 minutos. Como la Kammersynphonie (Sinfonía de cámara) de su compatriota Arnold Schönberg, estas obras ilustran la tendencias de este siglo hacia la concisión y la economía formal y de medios. Las obras del ruso Serguéi Rajmáninov son formalmente románticas y tradicionales. Las del soviético Dmitri Shostakóvich son más densas y, en ocasiones, programáticas, con lo que se continúa la tradición de Mahler de hacer de la sinfonía una expresión de la íntima agitación psicológica del compositor. En el periodo de posguerra muchos compositores han visto en este género, como en épocas anteriores, un vehículo para la expresión de sus más sentimientos y creencias, aunque las líneas generales de la forma sinfónica que han utilizado sean tan variadas como las que hubo a comienzos del siglo XVIII. Cada una de las 4 sinfonías de Michael Tippett (1945, 1958, 1972 y 1977) reflejan un periodo diferente de su evolución estilística a lo largo de líneas estructurales bastante tradicionales, mientras que la Sinfonía Turangalîla (1948) de Olivier Messiaen es una gran suite en diez movimientos que giran alrededor de unos pocos temas centrales. Peter Maxwell Davies, después de componer obras innovadoras en la década de 1960, volvió a la sinfonía a mediados de la década siguiente. Ha escrito 5 hasta el momento. En ellas se encuentra, entre otros rasgos, la influencia de Sibelius. La idea de la sinfonía continúa inspirando a los compositores, aunque sus formas cambian continuamente.

jueves, 29 de enero de 2015

Fritz Kreisler



Fritz Kreisler (1875-1962), violinista y compositor austriaco. Nació en Viena, recibió a los 4 años las primeras clases de violín de su padre, aficionado al instrumento, y estudió en los conservatorios de su ciudad natal y de París. A los 14 años realizó una gira por los Estados Unidos. A su regreso a Viena inició estudios de medicina y arte y se enroló durante un breve periodo como oficial de la armada austriaca. Reanudó su carrera musical en 1899 y su asombrosa técnica le convirtió en uno de los mejores violinistas de su tiempo. Su interpretación del Concierto para violín en si menor, opus 61 de Eduard Elgar, obra que encargó y estrenó en 1910 en el Queen's Hall con el propio compositor al frente de la orquesta fue memorable.

Compuso numerosas piezas para violín como La précieuse, preludio y allegro y las Variaciones sobre un tema de Corelli que, en un intento de confundir a la crítica, atribuyó a compositores de los siglos XVII y XVIII. Del resto de su producción destacan las obras para violín Caprice viennois, Liebesfreud, Liebeslied y Tambourin chinois, un cuarteto de cuerda y varias operetas entre ellas, Flor de manzano representada en Nueva York en 1919 y El nudo matrimonial de 1923. Durante la I Guerra Mundial interrumpió de nuevo su carrera como concertista y se alistó en la armada austriaca. En 1938 adquirió la nacionalidad francesa y en 1943 la estadounidense. A partir de 1940 fijó su residencia en este último país. Escribió un opúsculo con el título Cuatro semanas en las trincheras (1918).

Kreisler llegó a ser conocido como uno de los más grandes violinistas de su época: su manera de interpretar las piezas hacía que sonaran de modo grandioso. Hizo algunas incursiones en la composición, con piezas para su instrumento músico, algunas de las cuales, escritas a la manera de autores como Vivaldi y Couperin, atribuía a estos compositores. Caprice viennois, Schön Rosmarin y Tambourin chinois son algunas de sus páginas más célebres.
Fritz Kreisler Tributo 


miércoles, 28 de enero de 2015

Julián Carrillo




Julián Carrillo, nació en Ahualulco, San Luis Potosi el 28 de Enero de 1875. Nacido en el seno de una modesta familia, último de los 19 hijos de Nabor Carrillo y Antonia Trujillo, el mundialmente reconocido maestro fue director del Conservatorio Nacional de Música y de la Orquesta Sinfónica Nacional de México, y fundador de la Orquesta Sinfónica Beethoven y la Orquesta del Sonido 13, con sede en Nueva York.

Carrillo diseñó y construyó pianos y arpas micro tonales para interpretar sus composiciones, en un esfuerzo que reunía conocimientos de acústica, resistencia de materiales y teoría musical.

Con estudios de música en San Luis Potosí, la composición de sus primeras creaciones musicales y un talento sorprendente en la interpretación del violín, a los 20 años de edad, en 1895, Carrillo ingresó al Conservatorio Nacional de Música. Sus maestros lo hicieron avanzar rápidamente, pues formó una pequeña orquesta con sus compañeros.

Con los conocimientos de que disponía en matemáticas, física y acústica, Carrillo quedó sorprendido al estudiar las leyes de producción de los intervalos fundamentales en música, es decir que al dividir por la mitad una cuerda, produce la octava, que al dividirla en tres, produce la quinta, etcétera.

Esto lo llevó a experimentar por su propia cuenta, y después de varios días, abandonó la forma tradicional de dividir las cuerdas en dos, tres, cuatro, y hasta ocho partes (que era lo que le permitían sus dedos), y comenzó a dividir con el filo de una navaja la distancia de la cuarta cuerda del violín entre las notas Sol (libre) y La, logrando producir 16  sonidos nítidamente diferenciables.


A partir de entonces, Carrillo siguió sobre esta misma línea, estudiando cada vez más profundamente las bases física y matemática de la música. Encontró la relación matemática del Sonido 13, que es 1.0072.

Carrillo lo explicó así: —Sonido 13, en el sentido literal de la palabra, fue el que rompió el ciclo clásico de los 12 sonidos existentes, a la distancia de un dieciseisavo de tono (que fueron los intervalos logrados en el experimento de 1895), entre las notas Sol y La de la cuarta cuerda del violín, y cuya fórmula matemática es 1.0072.

—Ahora, Sonido 13 es un nombre que abarca el total de la Revolución que ha conquistado en su desarrollo una multiplicidad de intervalos musicales jamás soñados; que ha inventado y construido nuevos instrumentos que han sido tocados en conciertos en los centros más linajudos, tanto en
Europa como en América y que, además, ha planteado una reforma total de las teorías clásicas, tanto de la música como de la física musical; que ha escrito los libros técnicos para su desarrollo, inventando un nuevo sistema de escritura, etc. etc. etc.

La revista Times escribió en Marzo de 1964: “Julián Carrillo, el venerable de la música mexicana, ha consagrado su vida a escudriñar un insospechado mundo micro-tonal. Ha deshecho y vuelto a construir nuestra escala cromática, tanto que nos sentimos tentados a llamarlo el desintegrador del átomo musical, sólo que este nombre no basta por sí solo para dar idea del maravilloso mundo emocional que ha descubierto”.

“Ésta es la más grande y sorprendente revolución musical desde que Terpandro hace veintiséis siglos aumentó en Grecia dos notas a la escala pentafónica de los chinos”, indicó la revista.

A los 24 años de edad, en 1899, Carrillo obtuvo una beca para ir estudiar a Europa, fue así como ingresó al Real Conservatorio de Leipzig, Alemania. Entre sus maestros tuvo a Hans Becker, en la clase de violín; a Johann Merkel, en la de piano; y a Salomón Jadassohn, en la de composición, armonía y contrapunto. También formó parte, como violín primero, de la Orquesta del Conservatorio, dirigida por Hans Sitt, y de la Orquesta de la Gewandhaus, dirigida por Artur Nikisch.

Aquí escribió varias obras, entre ellas su Sexteto en Sol mayor para dos violines, dos violas y dos violonchelos, (1900) y la Primera Sinfonía en Re mayor para grande orquesta (1901), estrenada por la Orquesta del Real Conservatorio de Leipzig, bajo su propia dirección.

En 1900 asistió al Congreso Internacional de Música, en la ciudad de París (presidido por Camille Saint-Saëns), donde expuso una tesis para poner nombres monosilábicos a las notas de la escala musical (35), y de esta manera poder cantar el nombre adecuado de cada nota. El trabajo se basaba en el hecho de que en la música "hay nombres sin notas y notas sin nombre". La ponencia fue aceptada y publicada por el Congreso.

Terminados sus estudios en Leipzig, se trasladó a Bélgica para perfeccionarse en la técnica del violín. Estudió con Hans Zimmer e ingresó al Real Conservatorio de Gante. En 1903 escribió el Cuarteto en Mi bemol, en el que daba a las formas clásicas “unidad ideológica y variedad tonal”. En 1904 ganó el Primer Premio por Unanimidad y con Distinción en el Concurso Internacional de violín del Conservatorio de Gante.

Ese año regresó a México y recibió un violín Amati que el presidente Porfirio Díaz le regaló "como obsequio de la nación mexicana" por su excelente desempeño en el extranjero.


Muy joven aún, 29 años, pero con una gran madurez musical, Carrillo comenzó en México una intensa labor como violinista, director de orquesta, compositor y profesor.

Nombrado profesor de historia en 1906 y de composición, de contrapunto, fuga e instrumentación en 1908, en el Conservatorio Nacional Carrillo formó a destacados músicos: José Francisco Vázquez Cano (Fundador de la Escuela Libre de Música y Declamación, de la Facultad de Música de la UNAM y, junto con José Rocabruna, de la OFUNAM); Juan León Mariscal Canseco (compositor y catedrático); Antonio Gómez Anda (pianista y compositor), Rafael Ordónez, Rafael Adame, Vicente Teódulo Mendoza (investigador del folclor mexicano); Gerónimo Baqueiro Foster, Daniel Ayala, José López Alavés, Rosendo Sánchez, Leticia Euroza, Ángel Badillo, Felipe Cortés Texeira, Agustín Oropeza, Gabriel Gómez, entre otros.

Julián Carrillo organizó y dirigió la Orquesta Sinfónica Beethoven (1909) y el Cuarteto Beethoven (1910). Publicó los Discursos sobre la música, (1913), y Pláticas musicales, (1914 y 1922). Estrenó en 1910 su Canto a la Bandera (con Letra del poeta Rafael López). En 1911 fue representante oficial de México a los Congresos de Música de Roma y Londres, donde expuso las tesis Reformas a las grandes formas de la composición: la sinfonía, el concierto, la sonata y el cuarteto, para darles unidad ideológica y variedad tonal (Roma) y una referente a elevar el nivel artístico de las bandas militares (Londres). Ambas fueron aprobadas por los respectivos congresos.

En 1913 fue nombrado director del Conservatorio, y reformó los programas de estudio e hizo Énfasis no sólo en la rigurosa preparación técnica de los estudiantes, sino en materias como la literatura y el español. Ese año fue admitido como miembro de la Sociedad de Geografía y Estadística de México.
A la caída del gobierno de Victoriano Huerta, Carrillo se exilió en Estados Unidos. En Nueva York, organizó y dirigió la Orquesta Sinfónica América, con la que presentó su Primera Sinfonía. El éxito de esta obra le valió el calificativo de "The Herald of a Musical Monroe Doctriné (El Heraldo de la Doctrina Monroe Musical). En 1916 escribió la partitura para la película Intolerancia, de David Griffith. En Nueva York escribió la Teoría del Sonido 13, que se publicaría en el segundo tomo de las Pláticas musicales.

En 1918 regresó a México y fue nombrado director de la Orquesta Sinfónica Nacional (antes Orquesta del Conservatorio) (1918-1924) y director del propio Conservatorio Nacional (1920-1921).

Carrillo llevó a la Sinfónica Nacional a niveles de excelencia interpretativa, al grado que el pianista Leopold Godowsky la calificó como superior a la Filarmónica de Nueva York. La Sinfónica llegó a ser tan popular que se sostuvo con sus propios recursos.

Carrillo difundió la música de Bach, Mozart, Beethoven, Weber, Wagner, Tchaikovski, Rimsky-Korsakov, Richard Strauss, Saint-Saëns, Debussy y Ravel. Presentó dos festivales Beethoven (1920 y 1921). Además apoyó la música de mexicanos como Manuel M. Ponce, Antonio Gómez Anda y Juan León Mariscal.
De 1920 a 1924, se suscitó en México la Polémica del Sonido 13, que culminó con el concierto del 15 de febrero de 1925, con obras micro-tonales en cuartos, octavos y dieciseisavos de tono. De septiembre a noviembre de 1925, organizó una gira por diversas ciudades del país para demostrar la teoría del Sonido 13.

En 1926 viajó a Nueva York. La liga de Compositores le encargó una obra, la Sonata casi fantasía en cuartos, octavos y dieciseisavos de tono, que fue estrenada en el Town Hall de Nueva York el 13 de marzo de ese año. A petición de Leopold Stokowki escribió el Concertino en cuartos, octavos y dieciseisavos de tono, que estrenó la Philadelphia Sympony Orchesta, bajo la dirección de Stokowsky, en Nueva York y Filadelfia.

Julián Carrillo escribió las Leyes de metamorfosis musicales, que permiten transformar las proporciones tonales de una obra, y que también plantea procedimientos composicionales semejantes al serialismo. Escribió Pre-Sonido 13: Rectificación básica al sistema musical clásico: Análisis físico musical y Teoría lógica de la música.

De regreso a México en 1928, se le rinde homenaje en su estado natal al declarar el Congreso de San Luis Potosí día de fiesta cívica en el territorio estatal el 13 de julio (aniversario del experimento de 1895). El gobierno ordena que sea izada la Bandera Nacional en su casa de las 6 de la mañana a las 6 de la tarde.

Sin embargo, Carrillo no tuvo apoyo gubernamental para desarrollar su revolución, e incluso su labor musical como director y profesor encontró obstáculos. Pocas veces, a partir de entonces, fue invitado a dirigir en México y su música tampoco fue interpretada por orquestas mexicanas. El ex director del Conservatorio y de la Sinfónica Nacional, no volvió a ocupar un puesto semejante, y toda su investigación y difusión musical fue autofinanciada.

En 1930, Carrillo organizó la Sinfónica del Sonido 13, en la que todos los instrumentos salen de la afinación convencional de semitonos. Fue dirigida por el propio Carrillo y por Leopoldo Stokowsky en 1930 y 1931. En 1933, Ángel Reyes, director del Grupo Sonido 13 de la Habana, grabó en Nueva York el Preludio a Colón, en discos Columbia. Ese año, Ahualulco recibe el nombre de Ahualulco del Sonido 13.

 
En 1934, Carrillo publicó La revolución musical del Sonido 13, donde recapitula los acontecimientos históricos del Sonido 13, lo mismo que en Génesis de la revolución musical del Sonido 13 (San Luis Potosí: 1940).
En 1940 patentó sus 15 pianos metamorfoseadores, que producen intervalos de tonos, cuartos, tercios, quintos, hasta dieciseisavos de tono. En 1941 publicó su Método racional de solfeo, que basado en el principio de ir de lo conocido a lo desconocido, basa sus ejercicios en el Himno Nacional Mexicano.

En 1947 experimentó en la Universidad de Nueva York sobre la rectificación de la ley del nodo. El resultado es que, siendo el nodo un punto físico, resta longitud a la cuerda, por lo que ya no es la mitad matemática, y por lo tanto, el número de vibraciones producidas por la mitad de la cuerda excede al duplo de vibraciones producidas por la cuerda en su longitud total. Este trabajo le valió la nominación para el Premio Nobel de Física de 1950. En Dos leyes de física musical (México: 1956), resume sus trabajos sobre la ley de los armónicos y la ley del nodo.

En 1949 se construyó el primer piano de tercios de tono del mundo, y Carrillo lo llevó al Conservatorio de París al siguiente año. En Francia conoció a Jean-Etienne Marie, quien difundió su obra en Europa. También dio conferencias en Francia, España y Bélgica.

En 1951 presentó un concierto en el teatro Esperanza Iris de la Ciudad de México, para demostrar las leyes de metamorfosis musical. Leopold Stokowsky estrenó ese mismo año, en Pittsburgh, Horizontes poema sinfónico para violín, violonchelo y arpa en cuartos, octavos y dieciseisavos de tono. La obra tuvo tanto éxito que debió repetirse. El año siguiente se interpretó en Washington, Baltimore y Minneapolis. 


En 1954, Carrillo llevó un piano de tercios de tono a París, a la Schola Cantorum, donde permanece hasta la fecha. En la Escuela normal de Música de aquella ciudad se interpretan diversas composiciones suyas.
En 1956, el presidente de Francia lo condecoró con la Legión de Honor. También recibió la Gran Cruz del Mérito del gobierno alemán.

En 1958, exhibió en la Exposición Mundial de Bruselas sus 15 pianos metamorfoseadores, que ganan la Medalla de Oro. De Bruselas, los pianos viajan a París y son exhibidos en la Sala Gaveau. En París conoce a Ivan Wischnegradsky y a Alois Hába. Asiste al Congreso Internacional de Música y presenta un concierto en la sala de la UNESCO.
Entre 1960 y 1965 graba en la Phillips de París cerca de 30 de sus composiciones, con la Orquesta Sinfónica de la Asociación de Conciertos Lamoureux y destacados artistas franceses. Las obras representan las tres diversas facetas de su escritura musical: la clásica, la atonal y la microtonal. Jean-Etienne Marie es el ingeniero de Sonido de estas grabaciones.

En 1960 compuso Canon atonal a 64 voces, Misa de la Restauración para voces masculinas a capella en cuartos de tono y, por encargo de Stokowski, Balbuceos, para piano en dieciseisavos de tono, obra ésta última que se estrena en Houston.
Carrillo recibió en 1963 el Gran Premio de la Música de América Latina, de París. Da una serie de conferencias en la embajada de México en Londres y es entrevistado para la BBC.

En 1964, Robert Gendre estrenó en Luxemburgo su Concierto para violín y orquesta en cuartos de tono. Ese año compone varias obras, entre ellas tres sonatas para viola en cuartos de tono, una para violín en cuartos de tono, un segundo concierto para violín y varios cánones atonales.



El gobierno mexicano le concedió la Medalla al Mérito Cívico por el aniversario de su Canto a la Bandera. En 1965 el gobierno de la Unión Soviética lo invitó a realizar una gira de conciertos del Sonido 13 en aquel país, proyecto que no se realizó,  ya que también ganó el premio Sibelius de Finlandia, apoyado por los principales institutos musicales de Francia, Argentina, Brasil y México, pero ya no puedo recibirlo, pues falleció en la Ciudad de México el 9 de septiembre de 1965. Sus restos descansan en la rotonda de las Personas Ilustres del Panteón de Dolores.


Fuente CONACULTA   Comunicado No. 182/2011 28 de enero de 2011


Para saber más puedes visitar: www.sonido13.com